09 febrero 2006

¿Polvos mágicos? ¡No, pura bioquímica!

Un bioquímico canario, el Dr. Meléndez Helvia, está en el ojo del huracán al ofrecer unos suplementos nutricionales que combinados con una dieta rigurosa han dado claras mejorías para algunos trastornos relacionados con la alimentación.

La envidia es el deporte nacional español, no el fútbol. Desde el “que inventen ellos”, se nota que a la sociedad española le importa muy poco que se investigue y se avance en el conocimiento científico. Sale más barato comprar una patente americana o alemana que gastarse los cuartos en pagar a unos chicos en sus laboratorios que sólo gastan y gastan y gastan… Por lo menos es lo que parece que piensan los políticos y los empresarios. Y si, por casualidad, alguien de aquí hace o descubre algo interesante, o no se le hace caso, o se le hace el boicot, ya que ¡es imposible que aquí se pueda descubrir algo, eso lo hacen mejor los extranjeros! No en vano, son varios los Premios Nóbel de Literatura españoles pero, lo que es en ciencias, la lista es mucho más reducida (pese a que hay más posibilidades: Medicina, Física, Química, en lugar de sólo uno de Literatura). Díganselo a Ramón y Cajal, o a cualquier becario actual recién licenciado en ciencias.

O díganselo al Dr. Meléndez, conocido bioquímico canario al que no se le reconoce el mérito por sus descubrimientos. Se le ataca de todas las formas, pero sobre todo mediante la manipulación mediática.

Yo lo conocí hace años, cuando asistí a un curso monográfico impartido por él. Me pareció un investigador brillante, que tal vez no destacaba por sus dotes docentes; lo suyo era el laboratorio, no el aula o un despacho. Esa fue mi impresión personal. Entonces estaba aún al inicio de su carrera.

Según me han contado, sus descubrimientos comenzaron a tomar forma a raíz de una sugerencia casual. Un familiar tenía un problema de articulación en un dedo y le sugirió “buscar algo”. Me imagino que el Dr. Meléndez recurrió a sus conocimientos de bioquímica y así trajo un producto en polvo. Ese producto fue la curación.

Así se inició una línea nueva de investigación. Un grupo de personas voluntarias se fue ofreciendo para experimentar las bondades de los “polvos mágicos”. Uno era maravilloso para los problemas de articulaciones y de huesos. Otro resultó muy eficaz para facilitar el adelgazamiento. Y la lista de gente fue creciendo. Y la fama. Y la envidia apareció.

Los dichosos “polvos” son susceptibles de patente, así que es lógico que no se sepa lo que son hasta que estén registrados. Hoy ya se sabe que los llamados Factor 1 y Factor 2 no son más que glicina y ácido L-aspártico, dos aminoácidos necesarios para nuestro organismo.

La glicina es esencial en la síntesis del colágeno, una proteína muy necesaria para los tejidos conjuntivos, como los que forman las articulaciones (y, de paso, también para mantener la piel tersa; su pérdida provoca arrugas y flacideces). Algunos alimentos proteicos son más ricos en glicina que otros, como la gelatina y carnes con bastantes tendones; como preferimos la carne roja, limpia y sin tendones, consumimos menos glicina.

Lo del ácido L-aspártico es otra cosa. Es un hecho que nuestro cuerpo funciona como un motor cuyo combustible es la glucosa. Cualquier otra sustancia que nuestras células puedan consumir como combustible, se transforma en glucosa principalmente a nivel del hígado. Nuestro cuerpo tiene unas necesidades, que se miden en kilocalorías (o Calorías, con mayúscula) que dependen de muchos factores: la edad, el tamaño corporal, el género, el tipo de vida que se lleve, etc.

Pongamos que nuestras necesidades sean de 2 235 kilocalorías (por poner una cifra). Esa cantidad tiene que venir a través de la alimentación. Pero no creo que nadie se ponga con una pesa y una calculadora para ver si come exactamente 2 235 kilocalorías en forma de alimento.

¿Que no comes kilocalorías sino carne, verduras, sopa, pan y cosas así? No importa, se puede calcular el equivalente en kilocalorías de cualquier alimento. Un pan son tantas kilocalorías, un bistec otras tantas, la fruta o la verdura tienen su equivalente. Con unas tablas de contenido energético de los alimentos, una buena pesa y una calculadora (o con papel y lápiz, si lo prefieres) podrás conocer cuantas kilocalorías consumes con el sándwich de la merienda o con la sopa de la cena.

Bueno, hacemos la cuenta, ¡y seguro que no sale exactamente 2 235 kilocalorías! (o lo que le corresponda a cada cual). Puede que sobre o puede que falte.

Es como el dinero: no siempre tenemos en la cartera la cantidad exacta que hemos de pagar. Puede que sobre o puede que falte. Así que recurrimos a los ahorros.

En nuestro cuerpo, los ahorros son (fundamentalmente), la grasa. Si sobran kilocalorías, se convierten en grasa (es como el dinero que se guarda en una hucha o en el banco). Si faltan kilocalorías, se recurre a las reservas de grasa (vaciamos la hucha o sacamos dinero del banco).

Sabemos que uno de los males de las sociedades desarrolladas es el exceso de alimento. Pensamos que, ya que vivimos bien, tenemos que comer de sobra. Y abundan los gordos, ahora sabemos por qué.

Aquí es donde interviene el ácido L-aspártico. A nivel metabólico, tiene un papel muy importante en la conversión de la grasa en glucosa, lo que permite quemarla en el horno celular.

Pero por sí solo no es suficiente. Combinado con una reducción de las kilocalorías de la alimentación, el ácido L-aspártico favorece la pérdida de grasas corporales. Y así se reduce el peso.

Ya que estamos con la dieta, es importante reducir el consumo de grasas y de carbohidratos. Los carbohidratos se metabolizan rápidamente en forma de glucosa y el exceso se transforma, luego, en grasas. Y comemos demasiados carbohidratos: golosinas, patatas, cereales. Sobre todo mezclados con grasas: fritos, bollería.

La dieta ideal era la tenían nuestros antepasados cazadores-recolectores del Paleolítico. Pero con la aparición de la agricultura aumentó el consumo de cereales y la alimentación se hizo más monótona.

Posiblemente, muchos de nuestros trastornos y enfermedades tengan relación con la dieta. De ahí que a nadie deberá extrañar que cambiando nuestra dieta se curen algunos de ellos. Y si no basta con modificar la dieta, se añade algún aporte nutricional.

Los famosos “polvos” no son más que suplementos nutricionales. No son medicamentos. Hace siglos que se descubrió que añadiendo unas cosas llamadas vitaminas, enfermedades como el escorbuto se curaban. Hoy se añaden a los alimentos. Puede que estemos a las puertas de otro descubrimiento parecido.

Si el Dr. Meléndez fuera francés, ya lo habrían propuesto para el Nóbel. Pero como es español, hay que hundirlo, no sea que le “chafe el negocio” a los demás.

6 comentarios:

Preem Palver dijo...

En efecto, parecería que metí mal algún dedo e hice el comentario en la nota anterior.

Gracias por la información, y seguiremos viendo como transcurre este asunto en el futuro.

Anónimo dijo...

Ánimo y gracias por esta página.Igualmente para el doctor Meléndez y su equipo de colaboradores.Gracias y adelante.
También seguiré al tanto del tema. Una G.Canaria

Anónimo dijo...

Ya me gustaría conocerlo personalmente

Anónimo dijo...

¿Desde cuando el cuerpo humano es capáz de combertir la grasa en glucosa?

La grasa se quema directamente en las mitocondrias y es un proceso de obtencion de energía más lento y productivo que la combustión de glucosa.

Me parece un despropósito que hablando de ciencia se cuelen tales gazapos.

Por lo demás estoy totalmente de acuerdo contigo, resulta una necedad prohibir la utilización de suplementos alimenticios que se venden en cualquier tienda de nutrición deportiva regentada por cualquier descerebrado sin titulación.

Baldo Mero dijo...

Es cierto que la grasa se puede quemar en las mitocondrias, pero también existe un proceso en el hígado, controlado por la insulina, en el que los ácidos grasos se transforman en hidratos de carbono; me parece que es vía CoEnzima A, pero de eso ya no estoy seguro. Los hidratos de carbono pueden ser glucosa o glucógeno, que como saben se almacena en el hígado. También existe el proceso contrario, por el que parte de la glucosa y fructosa se convierten en ácidos grasos y triglicéridos para su almacenamiento en los adipocitos (células del tejido graso). El hígado es la planta química principal de nuestro cuerpo.

Elena dijo...

Hola,
Vivo en Barcelona y acabo de leer un artículo en una revista que me han regalado en la farmacia, sobre la dieta de Meléndez con citricdiet y faseolamina, que creo que es lo que se discute en este foro. He buscado información en internet, pues este tema me parece muy interesante y lo que yo entiendo por el artículo es que necesitamos una ayuda para quemar la grasa, que está en el aspártico o bien en el cítrico.
La grasa se va a quemar en las mitocondrias de todos nuestros tejidos, pero estamos en las mismas, esas mitocondrias necesitan una ayuda.

http://www.citricdiet.com/fotos/citddona.pdf