06 octubre 2016

Capitán Waleo capítulo 11

La nave Entrom-Hetida viajaba por una región desconocida del espacio. Su misión, descubrir nuevos mundos, y si alguno estaba habitado recomendarle su asociación a la Federación Galáctica; podría aprovechar una oferta inédita, y asociarse por muy poco dinero, en un tiempo récord. Pero la asociación express no se mantendría durante mucho tiempo, por eso había que darse prisa.
      Al mando estaba el oficial Yon Willians, de guardia en el puente. Del capitán Waleo nadie sabía nada, salvo Lisandra, pero estaba durmiendo.
      Como navegante, era el turno de Jajá Jojó, su rostro inexpresivo como siempre. Por eso no mostró expresión alguna cuando en la pantalla apareció un planeta desconocido.
      —¡Planeta desconocido en pantalla! —informó.
      Poco después, comprobaban que el planeta estaba habitado. Había que enviar una delegación.
      Se equipó la lanzadera A con cuatro soldados, al mando de Rambo Tedexo Zeko, un runimorfo del planeta Ignotus; tanto él como sus tres auxiliares vestían las camisetas rojas reglamentarias. Al mando se puso el oficial Yon Willians.
      Manejada con habilidad por Rambo Tedexo Zeko, la lanzadera se posó en una plaza muy iluminada. Cientos de luces flotaban por el aire, pero no se veía a nadie más.
      Yon Willians contemplaba los extraños edificios cuando notó que las luces se movían. No sólo eso, las luces rodearon la lanzadera y empezaron a hablar.
      El atónito oficial comprendió que aquellas luces ¡eran los habitantes del planeta! Sin duda, eran seres de energía, o tal vez de plasma.
      —¡Gran oferta de la Federación Galáctica! ¡Asóciese ahora y tendrá plenos derechos como miembro, en un tiempo muy breve y con el coste mínimo! ¡Y con el carnet de miembro federado podrá gozar de innumerables ventajas en las principales cadenas comerciales de la galaxia!…
      Y así siguió un buen rato Yon Willians, proclamando las ventajas de formar parte de la Federación. Hasta que fue interrumpido con brusquedad por una de las luces, que emitió un rayo y fundió uno de los altavoces de la lanzadera.
      —¡No nos interesa vuestra federación! —dijo, con voz metálica—. ¡Os vamos a destruir a todos!
      Rambo Tedexo Zeko despegó de inmediato.
      Volvieron a la nave a toda velocidad.
      Xujlius Waleo los recibió en el puente, donde Yon Willians rindió su informe.
      —Esto he de comunicarlo al Alto Mando —comentó el capitán.
      Lisandra llamó de inmediato al almirante Ñiki Muelax. El capitán Waleo esperaba pillarlo en condiciones inapropiadas, como a menudo le sucedía a él cuando el almirante le llamaba.
      De hecho, el almirante estaba comiendo, eso sí vestido de uniforme riguroso, para decepción de Xujlius.
      De todos modos, ver comer a un juiniano es muy desagradable. El capitán sintió que sus tripas se revolvían mientras daba el informe de lo sucedido.
      —Y no tienen interés en la Federación, almirante, aparte de que constituyen un peligro. No podemos atacarles con nuestras armas si son seres de puro plasma.
      —Pues busque la forma, capitán. Esa gente, si no está en la Federación, es muy peligrosa, hay que destruirles de inmediato. ¿Se imagina que se asocien con los Confederados Galácticos?
      Xujlius se estremeció otra vez.
      —¡Sería terrible! Se podrían unir a los vulgonianos, los rumalianos y los chingones…
      —Por tanto, capitán, ya lo sabe. O se unen a la Federación, o los destruye. ¡Esas son sus órdenes!
      El almirante desapareció, mientras uno de sus tentáculos aferraba otra pieza de alimento para devorarlo.  Xujlius Waleo agradeció no poderlo ver.
      El capitán ordenó reunión urgente con todos los mandos. Se vieron en el salón de juegos, pues estaban pintando el salón de reuniones y el comedor, y los robots pintores no discriminaban bien a los ocupantes de una habitación: lo mismo salían todos con las caras pintadas…
      Tras explicar el problema, el capitán pidió ideas.
      Fue el ingeniero Gram Dixim-Owurro quien tuvo la mejor idea, pues lo que los demás proponían carecía de sentido. Gram propuso llamar al robot 8UM4NO5.
      —¿Estás loco? —replicó Jajá Jojó—. ¿Para que nos mate de aburrimiento con uno de sus rollos?
      —Mejor un rollo del robot que las «maravillosas» ideas que aquí se han tenido. Como esa de echarles agua para que se apaguen, o lanzarles un rayo de plasma, que es su alimento.
      El capitán intervino.
       —Que venga el robot.
      8UM4NO5 hizo acto de presencia. El capitán le dejó claro que no se enrollara y que sólo atendiera a lo que allí se decía. Tras escuchar un buen rato, el robot dijo:
      —Iré a verlos.
      Jajá Jojó se alarmó de inmediato.
      —¡Como te alíes con ellos te mato yo mismo!
      —No tengo ningún interés en los seres de plasma, Navegante. Prometo volver con información valiosa.
      Decidieron dejarlo ir, ya que a fin de cuentas nada perdían.
      El robot partió sin lanzadera, como siempre. Lo vieron descender al planeta y perdieron el contacto con él enseguida.
      Pasaron los minutos y todos los que tenían uñas se las mordían. Otros tripulantes se pasaban los tentáculos por la boca, se acicalaban las plumas o realizaban cualquier actividad inútil para pasar el tiempo.
      Cuando se cumplieron los cincuenta minutos sin saber nada del robot, Jajá Jojó dijo:
      —¡Ese maldito nos ha vuelto a vender!
      Pero no era así. Justo en ese momento recibieron un mensaje de 8UM4NO5.
      —Regreso a bordo. Daré información cuando esté cerca de la nave, para evitar que sea captada.
      Había permanecido fuera durante casi sesenta minutos.
      El robot volvió, y antes de entrar en la nave transmitió una imagen de uno de los seres de plasma.
      La imagen mostraba una placa blanca con unos contactos y una especie de tubo entre ellos.
      —¿Qué es eso que has enviado? ¿La imagen de qué? —preguntó Jajá Jojó al robot, nada más tenerlo cerca, en el puente.
      —Los fusibles. Cada ser de plasma tiene una caja de fusibles para evitar las sobretensiones. Son fusibles modelo clásico, y si se arrancan o funden, el sistema se desconecta. Lo probé con dos y funciona.
      —El sistema… ¿te refieres a los seres de plasma?
      —Afirmativo.
      Todos se quedaron atónitos.
      El capitán Waleo pensó que era algo que debían probar.
      Poco después, la lanzadera A volvía al planeta. En su interior, un comando de seis soldados dirigidos de nuevo por Rambo Tedexo Zeko. Todos ellos con la camiseta roja de reglamento para misiones de alto riesgo, y sobre ella un traje aislante.
      Rambo se aproximó a uno de los seres de plasma. Llevaba unos alicates con mango aislante. Sin mostrarse amenazante (antes bien, mostrando sus dientes en una sonrisa de anuncio de pasta de dientes) buscó la placa del fusible. Estaba justo donde el robot había dicho, por debajo.
      De un movimiento brusco, arrancó el fusible con los alicates.
      El ser de plasma se apagó. Se quedó como una especie de globo semitransparente, más o menos esférico. Inmóvil.
      De inmediato, todos los soldados del comando atacaron a los seres de plasma más cercanos.
      Muy pronto, casi cien seres de plasma estaban desactivados, todos ellos alrededor de los soldados del comando. A lo lejos, sin atreverse a acercarse, otros seres de plasma permanecían vigilantes.
      Por fin, aterrizó la lanzadera B y de ella salió Yon Willians con los documentos para federar a los miembros del planeta. Mostrando que no llevaba alicates, se acercó a uno de los seres de plasma sin desactivar.
      —Si firmáis aquí, devolveremos los fusibles a vuestros colegas. Pero no vamos a mantener la oferta de asociación express mucho tiempo.
      El ser de plasma cogió los documentos, que ardieron de inmediato.
      —¡Vaya, eso es un problema no previsto! —exclamó Willians.
      Tuvo que regresar en la lanzadera B a por un documento en papel ignífugo.
      Cuando regresó, entregó de nuevo el papel al ser de plasma. Esta vez no ardió y el otro pudo firmarlo.
      Devolvieron los fusibles quitados y regresaron todos a la nave.
      Más tarde, el capitán se puso en contacto con el Alto Mando, el Almirante Ñiki Muelax.
      El almirante estaba correctamente uniformado, sentado en su despacho. Éste sonrió al ver al capitán, también de uniforme y preguntó:
      —¿Alguna novedad, capitán Waleo?
      —¡Sí, señor! Hemos aportado un nuevo miembro a la Federación.
      Explicó los detalles de la operación, aunque con un pequeño cambio: aseguró que el descubrimiento de los fusibles lo había efectuado él mismo, y 8UM4NO5 no figuraba en el relato.
      —¡Muy bien, capitán! Ordene fiesta en la nave, aunque sin descuidar la vigilancia de guardia. Pueden proseguir su viaje de exploración.
      Todos celebraron el éxito de la misión, salvo el robot 8UM4NO5. Pero eso no le extrañó, pues ya sabía cómo eran los seres orgánicos.
      De todos modos, la computadora Lisandra le ofreció un intercambio de datos que duró mucho rato…