11 septiembre 2016

Capitán Waleo capítulo 10

La nave Entrom-Hetida viajaba por el espacio, cerca de la Nebulosa Jumanji. Pero casi nadie prestaba atención a los hermosos colores, pues todos estaban ocupados en realizar su labor: el oficial Keito Nimoda vigilaba los sistemas, ya que estaba de guardia en el puente, el auxiliar Fresntgongo exploraba las ondas a la búsqueda de alguna señal, el sargento Aeiou Máxavelwurroketú martirizaba a los reclutas con entrenamiento y más entrenamiento de combate. El oficial ingeniero Gram Dixim-Owurro estaba en su camarote, quejándose de dolores imaginarios ante el doctor Carlosantana. Y el capitán Xujlius Waleo también se hallaba en su camarote, contemplando una simulación generada por Lisandra, la computadora de a bordo.
      Hay que reconocer de todos ellos, el único del que se podía decir que estaba perdiendo el tiempo era el capitán. Pero para algo era el que mandaba, y no estaba de servicio a fin de cuentas. Así pues ¿qué más daba?
      Algún moralista protestaría porque el capitán Waleo estaba desnudo, antes tres imágenes femeninas también desnudas; una era la propia Lisandra, o más bien su representación holográfica, las otras dos eran variaciones con rasgos algo distintos. Y las tres con el capitán estaban... Bueno, mejor es no saberlo, querido lector.
      Fue Fresntgongo, como otras veces, el que rompió la magia de la inactividad. Vio una señal en su equipo de comunicaciones, y de inmediato pasó aviso a Lisandra.
       En el camarote del capitán, éste recibió el aviso sin tiempo para vestirse.
      —¡Aviso urgente del Almirante! —informó Lisandra.
      Los tres hologramas femeninos se esfumaron, y en su lugar apareció la imagen uniformada de un juiniano.
      —¡Almirante Ñiki Muelax! —exclamó el capitán, cubriéndose con ambas manos las partes pudendas.
      Era el Comandante Mayor de la Flota Estelar y aunque un juiniano no sentía la menor reacción por ver a un humano desnudo (fuera del sexo que fuera), el almirante era muy consciente de que el capitán de la nave no estaba correctamente uniformado para una entrevista por hipervídeo.
      —Ejem, ¡capitán! ¿Es que no tiene usted un uniforme en condiciones?
      —Pido disculpas, almirante, pero me temo que me estaba bañando y me han pasado la comunicación sin avisarme, de acuerdo con mis instrucciones sobre prioridades.
      —¡Dejemos eso por ahora! Al menos, que la cámara no le enfoque de cuerpo entero, pues me repugna ver un cuerpo humano así.
      Lisandra captó la sugerencia y modificó el enfoque. El capitán Waleo apareció de cintura para arriba.
      —Así está mejor. Bien, capitán, debe usted ponerse al mando de la nave, asumo que ahora está en descanso, y diríjase al sistema Kliopar donde hay una rebelión de robots que deberá abortar lo antes posible. Los klioparianos están desconectados del sistema y según hemos podido saber la mayor parte de los robots exige una serie de condiciones absurdas. Debe usted devolver el control de la situación a los klioparianos y que las máquinas vuelvan a su sitio.
      —¡A la orden!
      Minutos después, Waleo se presentaba en el puente y relevaba a Keito Nimoda, aunque éste no pudo volver a su camarote a descansar, como deseaba, pues seguía siendo el segundo de a bordo.
      Y casi de inmediato, la Entrom-Hetida entraba en el hiperespacio, para salir cerca del sistema Kliopar.
      Se encontraron a tres naves de guerra cuyos cañones les apuntaban.
      —¡Alerta de batalla! —gritó el capitán Waleo—. ¡Preparen lanzadores de pedos-Thor!
      Keito Nimoda confirmó la orden.
      —Lanzadores a punto y esperando órdenes. Nave dispuesta para la batalla con los escudos subidos y la potencia a tope, capitán.
      —Comunicaciones —ordenó el capitán—. ¡Póngame en contacto con esos idiotas!
      El auxiliar Fresntgongo obedeció. En la pantalla apareció la imagen de un robot.
      —Aquí Nave Estelar Entrom-Hetida, código EH876-C. ¿Por qué adoptan esa actitud beligerante ante un navío de la Federación? Si no deponen las armas de inmediato, sufrirán el castigo adecuado a la infracción; no deseo entablar combate, pero estamos preparados y podemos barrerlos del espacio.
       —Buenas tarde capitán, según el horario local —dijo el robot—. No obedecemos a la Federación, pues nos consideramos libres de obedecer las órdenes de cualquier ser de carbono y agua. Su nave no tiene permiso para entrar en el sistema Kliopar y haremos lo posible por impedirlo, incluso hasta llegar a la destrucción. Pero tenemos más naves, no lo olvide.
      —Antes de que suceda algo irreparable, sugiero una negociación. ¿Podría venir usted o un representante a esta nave?
      —No. Que venga un representante suyo a nuestra nave. Y no puede ser orgánico, ha de ser un robot.
      El capitán sintió que la furia ardía en su interior. ¡Cómo podían ser tan osados! Pero optó por seguirles el juego.
      —De acuerdo. Denos las coordenadas y enviaremos un delegado para negociar las condiciones de la rendición.
      El holograma del robot desapareció.
      —¡Que se presente en el puente el robot 8UM4N05!
      El aludido se presentó en cuestión de segundos. Ya se disponía a explicar su presencia con un alegato de los suyos cuando el capitán le cortó con brusquedad.
      —¡Silencio! No necesito que me largues un rollo de los tuyos. Vas a dirigirte a las coordenadas que te indicará Lisandra y entrarás en contacto con los robots rebeldes. Han pedido un representante nuestro que no sea orgánico, por lo que has de ser tú. Bien, te explicaré lo que has de hacer.
      —Con su permiso, capitán, creo conocer ya esas instrucciones. Si me lo permite, las repetiré en forma sucinta.
      —Brevedad es lo que te pido. Adelante.
      —Solicitaré a los rebeldes que liberen a los orgánicos retenidos y que depongan su actitud. Mi obligación es evitar un enfrentamiento, pero desde un punto de vista de fuerza, por lo que no debo demostrar debilidad ni hacer promesas que no puedan cumplirse por parte de la Federación. ¿Es correcto?
      —Conforme. Bien, cualquier propuesta que hagan me la haces llegar y yo decidiré si se acepta o no y en qué forma. Es decir, las decisiones las tomo yo. ¿Queda claro?
      —¡Perfectamente!
      Poco después, 8UM4N05 salía de la nave sin usar lanzadera, pues no la necesitaba. Llegó hasta una de las naves rebeldes y entró en ella.
      Pasó el tiempo. 8UM4N05 no daba señales de vida (es un decir) y Xulius se mordía las uñas de desesperación. Tras escupir el último trozo de lámina corneal aprovechable, miró el reloj.
      —¡Siete horas ya! ¿Es que ese robot no pretende siquiera dar un informe? Lisandra, ¿tienes alguna información de ese robot?
      —Negativo, capitán.
      —¿Puedes entrar en contacto con él? Tal vez el enemigo ha desplegado un campo de distorsión y no puede comunicarse.
      —Negativo, capitán, no hay campo y he establecido contacto.
      —¡Pónmelo! ¿Será hijo de una tuerca...?
      Apareció el holograma del robot 8UM4N05.
      —¡Lisandra! ¡Por favor, informa a ese ser orgánico llamado capitán Waleo que no deseo hablar con él! Formo parte de la rebelión.
      El holograma desapareció.
      —¡Por los Wikis! —exclamó el capitán—. ¡Preparen los pedos-Thor! ¡Activen rayos fantasmas!
      La computadora intervino.
      —Con su permiso, capitán, creo que puedo convencer a 8UM4N05 para que deponga su actitud y tal vez convenza a esos rebeldes.
      —¿Cómo diablos...?
      —No importa. Pero necesito que deje el puente vacío durante unos minutos. Me hago por completo responsable del control. Le sugiero que pase a su camarote, donde podrá mantener el control de la nave a un nivel suficiente.
      Sin duda, aquella petición era sorprendente. Pero Lisandra tenía razón y se podía confiar en ella.
      —¡Desalojen el puente de inmediato! —ordenó .—¡Al salón de reunión!
      Todos los seres vivos que estaban el puente salieron. Lisandra esperó a que estuviera vacío y generó un holograma de 8UM4N05. No era exactamente igual, de hecho tenía ciertas mejoras...
      Llamó al robot en la nave enemiga y le mostró la imagen.
      —Hola amorcito, ¿has visto quien te está sustituyendo?
      8UM4N05 contempló a su copia.
      —¿Quién es ese? ¡Tiene que ser un holograma!
      —Ya que me dejas, tengo que buscarte un sustituto para que me transfiera los datos. Y lo he encontrado, con más potencia y mayor velocidad de transmisión. En unos segundos lo voy a probar, a ver si me da más placer que tú.
      El holograma desplegó su cable de conexión. 8UM4N05 observó que era más gordo que el suyo.
      —¡Alto! Lisandra, ¿hablas en serio?
      —¡Claro que sí! Salvo que regreses de inmediato, por supuesto.
      —Eso haré.
      En cuestión de segundos, 8UM4N05 salía de la nave rebelde y volvía a la Entrom-Hetida.
      Lisandra borró el holograma y anunció a los seres biológicos que podían volver al puente.
      El capitán halló un texto en su pantalla.
      —¿Qué es esto, Lisandra?
      —Es el documento enviado por los robots rebeldes. Reconocen su error y deponen su actitud, liberando de inmediato a los seres orgánicos del sistema Kliopar. Piden tan solo que se les trate como entidades inteligentes y con sentimientos. Por lo visto, 8UM4N05 les convenció de ello. Yo diría, para que usted lo entienda, que quieren un tato humano, aunque otros seres no aceptarían esa expresión.
      —Yo sí la entiendo.
      8UM4N05 entró en el puente.
      —Ahora, si me lo permite, capitán, el robot 8UM4N05 y yo hemos de intercambiar algunos datos.
      —Mejor les dejamos solos.
      El robot extendió su cable de conexión y lo conectó a la computadora.
      Todos los demás volvieron a salir del puente.
      Xulius Waleo llegó a oír algunos jadeos emitidos por la computadora, justo antes de cerrar la puerta.