08 diciembre 2011

FURTIVOS

Solos en la noche, Lut y su grupo caminan por el centro de la calle.
La oscuridad es total. Reina el silencio.
No llega ni un solo ruido de los edificios ni de los vehículos parados junto a los bordillos.
En el cielo sin Luna y despejado, miles de estrellas.
Nadie las mira. Todos los sentidos están puestos en andar por la oscura calle, sorteando los obstáculos.
De pronto, el fino olfato del jefe señala el objetivo.
—Ya estamos cerca —indica Lut—. ¡Ahora todo el mundo en silencio!
Ya pueden apreciar el fuerte olor de sus presas.
Cruzan la puerta abierta del edificio con movimientos furtivos, guiados por el olor. Llegan a otra puerta. Está cerrada.
Del otro lado llega un rumor, un pequeño ruido apenas perceptible.
Alzándose sobre sus patas traseras, Lut se apoya en la pestilla de la puerta.
Se abre.
Todos los perros entran en tromba al interior del gallinero automatizado, donde las máquinas aún funcionan alimentando a mil gallinas.
Sobre el ruido de los sistemas automáticos se alza la algarabía de las pobres gallinas. Cacarean estruendosa e inútilmente. Saben que no tienen salvación frente a la jauría de perros hambrientos.
Los amos humanos ya nunca vendrán a salvarlas.

2 comentarios:

Gerardo Aimone dijo...

La foto se parece a un perro que se me perdió en 2010....... todavía lo sigo buscando, "Fiero" se llama.

Baldo Mero dijo...

Se llama Luna, la de la foto. Lo siento por Fiero. Tal vez esté en el cielo de los perros, en la manada del Gran Perro Blanco.